Ganas de abrazarte para siempre, de juntarnos en una unión que pueda ser eterna. Ambos cuerpos separados pero terriblemente cercanos, unidos por un hilo de deseo entre miradas, que se va haciendo cada vez más corto hasta que mi boca se rinde a la tuya.
Tus manos conducen por la carretera de la ternura con destino el placer. Empiezo a temer a lo que viene después. A no poder parar. A no querer parar. Combatiendo en mis labios el placer y la decencia, algo que produce un miedo incontrolable en mi y me llena de confusión…
Se me corta el aire pero no tardas en hacerme olvidar y evadir de lo que apenas nos rodea.

Dolor y placer:
Ambos vientres juegan juntos y se acarician. Te mueves sobre mi mientras las lenguas luchan en un combate en el que ganamos los dos. Las manos han perdido ya el control y traspasan los lugares marcados como prohibidos con cruces y estacas prejuiciosas.
Me encanta verte con los ojos entrecerrados y respirando fuertemente en mi oido. Me gusta saber que pararás si te lo pido. Me encanta saber que sientes minimamente algo por mi…
Me haces sentir como la más querida y odio no tener yo la capacidad de hacer lo mismo por ti.
Por un momento olvido mis problemas: Olvido a mis padres y a mi cuerpo. Besos desacompasasdos y húmedos y pese a las rojas mejillas, no desearía estar en otro lugar más que en este.