Momentos

Primera impresión: Bleh.

Estaba tan nerviosa … No tuve tiempo de hacerme una primera impresión. Miraba al suelo, no a ti. Pero recuerdo que me fijé sobre todo en tu sonrisa. Una sonrisa preciosa y abierta. Se te pega y sin darte cuenta ¡PLOP! ya estás sonriendo.

- ¡Bebe! ¡Bebe! -

Sidra. Esa es otra de las cosas que más recuerdo de esa noche. Sidra.

Tu cobaya rondaba por la casa y se subía por mis botas.

No tenía la cabeza donde debía tenerla en ese momento. Te esforzabas por arrancarme palabras y me hiciste reir mucho. El viento me subió la falda:

- ¡La mano antes que la vista! - y la cazaste al vuelo.

Nos dejaban solitos, caminaban delante. No estaba preparada, pero no importaba. Quería que fueramos amigos … Al fin y al cabo cocinabas de lujo (jejeje).

Segunda impresión: No estás mal, para nada.

Estabamos en el bar. Ambos con nuestras copas. Nuestros amigos al lado. Tu bailabas un poco, a penas e Irene me cogía del brazo para que me moviera. Y al final bailé contigo, claro. Al son de Hombres G. Parece mentira: Una gótica-heavy-rocker bailando con un heavy-rocker … “Sufre mamón”. Ahora lo recuerdo y me parece realmente cómico, pero mira, eso me ayudó a estrechar lazos contigo. Desde ese punto confié más en ti … ¿Cómo no voy a confiar en alguien que mueva así las caderas?.

Correr bajo la lluvia: Algo que recordar.

Correr bajo la lluvía, con un poco de alcohol en mis venas y la excitación que me provocaba la alegría de esa noche fue toda una experiencia.

Empapados y jadeantes entramos en el metro y allí al fin hablamos. Escribiendo todo esto he empezado a recordar muchas cosas que no sabía que pasaron. En el metro me cogiste de la cintura para que no cayera. Contacto. Solo un momento. Demasiado monja como para que no me pareciera nada importante. Pero no, no quería nada contigo. Hacia apenas dos semanas que había dejado a mi novio y, pese a que quisiera … No era lo correcto. ¿Qué pensarían de mi? No quería ni pensarlo.

Tu sonrisa atacando de nuevo … Mi maquillaje todo corrido por las gotas de lluvia … Detalles.

Casa de Said: ¿Por qué no te sientas a mi lado?

HE-LA-DA. Completamente congelada. Con mi vestido pegado al cuerpo, secandose con mi calor, una manta no era suficiente.

- ¿Quieres mi chupa?-

-¡No, no! Gracias-

-Toma mi chupa anda-

Temblaba. Y no solo por el frio.
Estabas sentado a mis pies, en el suelo, en manga corta. ¿Por qué no te sentabas a mi lado? Cuando al fin lo hiciste, notaste que temblaba. Que verguenza … Me frotabas los brazos para que entrara en calor … verguenza X 2 …
Poco duré sentada a tu lado. Anuncié que me iba y me levanté.

-Te acompaño-

Camino a la estación: ¿Aun quedan hombres así?

Bajamos en ascensor. Yo miraba al suelo … Mentira.
Te preocupaba que pudiera coger frio o mojarme. Hablamos largo y tendido … sobre el chico que me gustaba. ¿Cómo pude ser tan idiota? Me escuchabas y me aconsejabas. Me repetiste que me asegurara de que estaba enamorada de verdad. Y lo hice. Y lo estaba. Pero no de la persona que yo creía. Dos besos, pero ganas de algo más. No pretendía besarte, pero si quería abrazarte. Habias sido un sol aquella noche. Y nunca mejor dicho.

Aquella semana fue … Rara. Yo me desenamoraba y me empezaba a sentir atraida por ti. Cosas raras que pasan.
Recuerdo decirle a Irene que no quería quedar contigo el siguiente fin de semana porque se que nos besaríamos y que todo estaba demasiado liado para que algo así pasara… Pero al final no fue nada malo. Me hiciste feliz.

Me sentí como una reina. Una noche para mi.

¿Crees que esto podría durar para siempre?

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s